Si alguien dijera que una pasta es un buen alimento cuando se busca bajar de peso, automáticamente se le tacharía de loco. Sin embargo, detrás de esa aparente locura existe algo de certeza y tiene que ver con lo que se conoce como almidón resistente.

Este tipo de almidón lo podemos encontrar en plátanos verdes, cereales, semillas y papas (crudas). Sin embargo, existe un método para obtener almidón resistente de alimentos que, de otra forma, aportarían almidón digerible. Éste consiste en dejar enfriarlos por un largo periodo después de cocerlos y consumirlos así. Los platillos que pueden ser sometidos a este proceso son arroz, pastas, papás cocidas, entre otros. Otra forma de obtenerlo es de maíz rico en amilosa cocinado.

Su principal característica es que es resistente al proceso digestivo humano, situación que le permite llegar a los intestinos prácticamente intacto. Otra particularidad que, a diferencia del almidón normal, es un carbohidrato no glucémico, por lo que puede ayudar a pacientes diabéticos.

A pesar de lo que mucha gente piensa, no se descubrió recientemente, desde 1982 se saben esos datos, lo que sí se ha hecho en los últimos tiempos es investigar sus beneficios. Otro de los cuales es que cumple con las funciones de ambos tipos de fibra (soluble e insoluble) que son: Reducción del colesterol y la antes mencionada disminución de los niveles de azúcar en la sangre, así como regularizar el tránsito intestinal.

Es importante mencionar que ninguna asociación gubernamental de salud de ningún país y, por consiguiente, tampoco la OMS, han emitido recomendación alguna sobre el consumo de almidón resistente. Esto es porque, como aclaramos anteriormente, los estudios sobre sus beneficios comenzaron en años recientes y aún no se descartan efectos secundarios de una dieta alta en este tipo de almidón.

 Por: Gerardo Guillén