Vivimos en la era de las enfermedades crónico – degenerativas y una de sus principales características es que, la gran mayoría, no tienen cura. Por lo que, una vez que de desarrolla el padecimiento, el paciente estará sujeto a un tratamiento de por vida, que generalmente es muy costoso, para poder controlarla.

En esta categoría se incluyen desde males que no son mortales pero merman la calidad de vida como la artritis hasta las que llegan a la muerte como el cáncer, la diabetes y el SIDA. La ausencia de remedios que erradiquen estas afecciones ha promovido todo tipo de remedios que prometen mejores resultados que la medicina tradicional.

La medicina hiperbárica u oxigenoterapia hiperbárica (OHB) pertenece a este grupo de tratamientos alternativos. Consiste en introducir al paciente en un ambiente con 100% de oxígeno y una presión atmosférica aproximadamente dos y media veces mayor a la normal.

Ya se comprobó su efectividad en el tratamiento de algunos malestares, principalmente en la curación de heridas causadas por infecciones, como las que suelen presentarse en pacientes diabéticos y que, de no ser tratadas adecuadamente, pueden provocar la amputación de miembros. Otro uso muy común de las cámaras hiperbáricas es para curar enfermedades por descompresión, frecuentes en quien practica buceo.

Existe un gran número de empresas que se dedican a este tipo de medicina y que la promocionan como una cura “milagrosa” para el cáncer, la diabetes, el asma y hasta la depresión. Sin embargo, no hay ninguna evidencia científica que respalde esos dichos.

El resto de los usos comprobables de la OHB son: tratamiento de embolia aérea, intoxicación con monóxido de carbono, quemaduras, gangrena gaseosa, lesiones por radiación y para suministrar oxígeno mientras se realiza un lavado pulmonar completo.

Por Gerardo Guillén.