En los últimos años, el cómo se aborda la alimentación en materia de salud pública ha tomado un matiz distinto. Antes básicamente se hablaba sobre las dietas balanceadas y se planeaban estrategias para combatir la desnutrición y no es que eso haya cambiado mucho, en realidad a estos temas se han agregado otros de igual relevancia: la obesidad y el impacto de la dieta en la formación de cáncer.

En estos dos últimos tópicos, los alimentos procesados han sufrido varios golpes y cada vez son más las personas que buscan consumir productos orgánicos. Debe entenderse como orgánica toda la comida tanto de origen vegetal como animal que no se somete a pesticidas, hormonas de crecimiento ni a conservadores, según sea el caso.

Comida orgánica

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Sin embargo, en la mayoría de los establecimientos de consumo general la comida orgánica tiene costos mucho más altos que aquella que no lo es.

Por ejemplo, el cereal orgánico en Superama ($ 78), cuesta casi el doble que los cereales normales que traen cantidades similares.

En el caso de la pasta la situación es más contrastante, pues la orgánica cuesta hasta cuatro veces más en el mismo supermercado ($ 58 y $ 14, respectivamente).

Por otro lado, en City Market puedes encontrar el kilogramo de pechuga de pollo en $ 155 el kilogramo, mientras que el de pechuga no orgánica cuesta $ 80.

Comida orgánica

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Por lo que podemos ver, la diferencia es bastante, pero siempre hay maneras de conseguir las cosas más baratas.

En el caso de la comida orgánica es mejor acudir directamente con los productores. En la Ciudad de México existen lugares como El Bonito Tianguis Huerto Roma Verde donde, por ejemplo en este último, se rentan espacios para que cultives tu propia comida por sólo $ 500 mensuales.

Lamentablemente, el caso de la carne generalmente no se puede conseguir más barata.

Por: Gerardo Guillén.