En la historia, la danza se relaciona de muchas formas con la religión. En diversas culturas es una manifestación ritual a través de la cual se busca agradar a los dioses para recibir su favor. Pero, ésta no se limita a los movimientos corporales, sino que trabaja en conjunto con otras artes como la música. Asimismo, el vestuario y la ornamenta caracterizan a los danzantes del Templo Mayor para complementar el espectáculo y ofrecer a quien lo admira una experiencia completa, y, en cierto modo, divina.

Éste es el caso de los concheros, un grupo de danzantes que encuentran sus orígenes en las culturas del México prehispánico, y que vestidos con taparrabos, tobilleras con cascabeles, y portando enormes penachos se reúnen alrededor del copal y bailan en coreografía al ritmo de los tambores y otros instrumentos antiguos.

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Los concheros deben su nombre a un instrumento que se toca en sus rituales y que está hecho, como puede intuirse, de una concha, que no puede sino representar a la tierra. En sus danzas bendicen a los cuatro puntos cardinales, y veneran a los dioses de la naturaleza para pedir sus favores, como lo es la lluvia y la fertilidad de la tierra.

Estos grupos de danzantes se reúnen en diversos sitios significativos para sus creencias, y uno de ellos en especial es el Templo Mayor, donde en la explanada de la zona arqueológica realizan su ritual también como una manera de honrar a sus antepasados. Y, a pesar de que, de sus orígenes a la actualidad, tanto la vestimenta como algunos elementos complementarios han cambiado, lo cierto es que gracias a ellos se preserva una tradición que es parte de la identidad y el orgullo del pueblo mexicano.

Por: María Carrión