Las leyendas en este país son lo que tú quieres que sean. La de la Piedra Encantada de Tlalpan puede ser de misterio o de un amor imposible, casi un cliché. Empecemos con esa.

En la época de la colonia, éste era un sitio aún dominado por los indígenas de la región. Uno de ellos, Macheque, quien además era hijo de quien lideraba la comunidad ahí establecida, se enamoró de Catalina Aguilar. Una joven que iba de paso por ahí con su familia mientras elegían un lugar dónde establecerse, pero en ese inter, lo que había empezado como un campamento, prosperó con rapidez  por la dedicación que le tenía la familia a esas tierras.

Piedra

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Pero esta no es la historia donde la familia española está de acuerdo con que su hija se despose con un indio. Se opusieron al romance e inclusive se llevaron lejos a Catalina. Pero la distancia no iba a ser un impedimento para Macheque, quien hizo caso a una voz que le cuestionaba el por qué no ir en la búsqueda de su amada para luego escapar.

Y así lo hizo. La encontró y juntos huyeron hasta esa extraña formación que hacen las piedras a manera de cueva. De ahí nadie pudo sacarlos porque no hubo quien entrara lo suficiente. Y nunca los volvieron a ver; aunque hay quien asegura que de noche se ven sus siluetas, amándose.

Quienes no gustan de este tipo de relatos, aseguran que dicha formación rocosa es un portal a otros mundos en otros tiempos. Cada 24 y 31 de diciembre, dicen, ahí aparece una tienda en la que si alguien entra probablemente no pueda volver sobre sus pasos.

Pero nadie puede asegurarlo, porque quienes han entrado no han elegido los caminos correctos para volver a casa.

Decide si te quedas con la romántica historia o si decides entregarte al morbo de entrar alguna vez. Cuidado, hay inclusive quienes creen que esa es la guarida de La Llorona.

Por: Aldo Mejía.