Según pronósticos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2025 habrá aproximadamente mil 200 millones de personas mayores de 60 años en el mundo. Esa situación acarrea problemas para la sociedad, debido a que muchos de ellos no son independientes debido a su condición de salud.

Uno de los males más incapacitantes es la demencia. Ésta se caracteriza por la pérdida de capacidades cerebrales como la memoria y el intelecto; se afecta el comportamiento y la posibilidad de realizar las actividades diarias de los individuos.

Algunas personas utilizan erróneamente el término “demencia senil” para nombrar a esta enfermedad, ya que se cree que sólo la padecen las personas mayores. Si la edad es un factor que aumenta el riesgo de su desarrollo, no es consecuencia natural de la vejez, pues se puede presentar en personas más jóvenes.

 

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De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hay aproximadamente 47.5 millones de personas con demencia en el mundo y cada año se presentan 7.7 millones de casos nuevos. De la población mayor de 60 años, se estima que aproximadamente el 8 % sufre de esta enfermedad.

Los síntomas son prácticamente los mismos en etapas tempranas y tardías, la diferencia es la intensidad y la frecuencia de estos. Por ejemplo, en un principio pueden olvidar acontecimientos recientes que no son muy trascendentes pero, poco a poco, los olvidos son sobre sucesos que ocurren apenas minutos antes e incluso pueden tener dificultad para reconocer a amigos y familiares.

Otros fenómenos muy usuales en los pacientes con demencia son la desubicación en tiempo y  espacio y  la necesidad de ayuda para su cuidado personal. El tipo más común de este mal, y que abarca entre el 60 y el 70 % de la incidencia, es la enfermedad de Alzheimer.

La detección temprana de la enfermedad ayuda a que el tratamiento de control, pues no existe una cura, sea más eficaz.

 

 

 

Por: Gerardo Guillén.