El desayuno es la primera comida que se consume en el día. El nombre deriva del hecho de que uno no come mientras duerme, por lo que al levantarse por la mañana se encuentra en ayunas.

Etimológicamente, la palabra viene del latín “dis-iunare”, que significa romper el ayuno. Lo que ocurre en el organismo al despertar, es que nuestra sangre tiene pocos niveles de carbohidratos, ya que no recibió alimento por al menos siete horas, al pasar aproximadamente 15 minutos, el cerebro se pone en estado de emergencia y se comienzan a absorber proteínas de las células musculares y el colágeno de la piel.

Después de unas horas sin alimento, el cerebro provoca ataques de hambre y el apetito aumenta, produciendo un gran deseo de alimentos dulces por lo que es inevitable sentir ansiedad y empezar a ingerir una alta cantidad de estos alimentos.

El dejar de desayunar frecuentemente, tiene como consecuencia la pérdida de músculos y colágeno. El no hacerlo trae diversas consecuencias durante el periodo de ayuno: falta de concentración, mal humor, desanimo, decaimiento y en general una baja en el rendimiento de las actividades.

Aunque el desayunar tampoco se trata de únicamente tomar una taza de café o jugo o galletas; sino que debe ser un desayuno equilibrado que incluya los nutrientes necesarios en proporciones adecuadas para lograr satisfacer las demandas del cuerpo y tener así la energía necesaria para tener un buen funcionamiento durante el día.

Un buen desayuno, debe aportarnos entre el 20 y 25 % de calorías que vamos a ingerir a lo largo del día. Es importante incluir: proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales. Todo lo anterior lo podemos encontrar en las frutas, verduras, cereales y lácteos. Te recomiendo visitar un nutriólogo, para que te indique que es lo mejor para ti de acuerdo a tu edad, peso y actividad física.

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Un desayuno equilibrado trae consigo beneficios como:

· Activación del metabolismo: da al cuerpo los nutrientes para funcionar bien durante el día.

· Mejora el estado de ánimo: sabrás que estás haciendo algo bueno por ti y claro, el cuerpo tendrá la energía necesaria para hacer todo lo que quieres.

· Reduce la ansiedad por comer: como mencione antes, el cuerpo produce un estado de ansiedad generada por la  necesidad de alimentos dulces, esto sucede tras no haber ingerido alimento tras un largo periodo. Previene hipoglucemia e hipotensión.

· Mejora el rendimiento intelectual: incrementa diferentes habilidades mentales, como la concentración y memoria. Cuando se tiene hambre es prácticamente imposible pensar en otra cosa.

· Contribuye a perder y mantener el peso: cuando pasas largos periodos de ayuno las células se comienzan a convertir en células grasas para tener reservas necesarias y realizar las funciones básicas, lo que produce aumento en el peso de quien no desayuna. Se mantiene el peso pues el organismo toma los carbohidratos de los alimentos.

· Se puede disfrutar en familia: es un momento en que generalmente todos estamos en casa y esto mejora la convivencia.

· Mejora la digestión y evita el estreñimiento.

Recuerda que un buen desayuno te hará sentir bien por dentro y por fuera, así que bien vale la pena levantarse 20 minutos antes para no dejar pasar este importante momento del día.

Por: Eduardo Massé.

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Eduardo Massé es especialista en la Ciencia Aplicada del Bienestar Integral Personal y Corporativo, y autor de los libros Yo Elijo Despertar, El Liderazgo Científico, La Nueva Frontera y Bienestar Integral 360º. Además es conferencista de nivel internacional, colaborador de la revista Forbes, así como consultor y mentor.
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