El 18 de agosto de 1868, mediante un eclipse solar, tanto el astrónomo inglés Joseph Norman Lockyer (1836-1920) como su colega francés Pierre Janssen (1824-1907) tuvieron la primera evidencia de la existencia de un nuevo elemento.

Ese día, un espectro lineal amarillo en la luz solar confirmó que se trataba del Helio (He), un elemento nuevo cuyo nombre hace referencia al vocablo griego Helios que significa sol.

Las propiedades de este gas es que es más ligero que el aire y no es inflamable como, por ejemplo, el hidrogeno al cual por cierto precede en cuanto a abundancia en el universo observable constituyendo así el 24 % de la masa de los elementos presentes en nuestra galaxia. De igual forma, debido a su estabilidad y prácticamente nula reactividad se considera no dañino para el ser humano o cualquier otro ser vivo.

 

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La extracción de este elemento se realiza por destilación fraccionada a partir del gas natural que contiene hasta un 7 % de helio. Posteriormente, el crudo resultante se purifica por medio de exposiciones a bajas temperaturas, que permiten que otros gases se precipiten fuera de la mezcla de gas.

La aplicación primera que viene a la mente sobre este gas es que si se utiliza para inflar un globo éste flotará; y de hecho es así porque el helio pesa menos que el oxígeno logrando dicho efecto. A gran escala este fenómeno de utiliza para poner en órbita a los dirigibles que hoy son utilizados como medio de publicidad. Por otro lado es uno de los elementos más fríos del planeta y es común utilizarlo para la criogenia o el enfriamiento de imanes en pruebas científicas.

Sin embargo, por qué mentir, el uso más conocido y divertido es el de inhalarlo para conseguir el efecto agudo en la voz o voz “de ardillita”.

 

 

Por: Daniel Montes