Usualmente estrés y ansiedad se manejan como sinónimos, pero no lo son. Aunque ambas son muy similares, presentan varias diferencias que, en la práctica, ayudan a definir con mayor precisión la intensidad o gravedad de ambos malestares.

Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM por sus siglas en inglés) existen muchos tipos de estrés y ansiedad según su intensidad y síntomas. Sin embargo, ambas se diferencian a partir de elementos puntuales que son comunes a todas las formas de estrés, así como a todas las de ansiedad.

El origen del estrés se identifica cuando una persona se enfrenta una situación para la cual no tiene, o no cree tener, los recursos necesarios para resolverlo. La ansiedad, en cambio, tiene origen en una amenaza o peligro que muchas veces no es identificable y que, en muchos casos y sin razón obvia, provoca ese estado de inquietud. En ocasiones es consecuencia de estrés agudo.

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En cuanto a las emociones, en el estrés prevalece la preocupación, donde se mezclan el nerviosismo y la frustración; a veces incluye irritabilidad y tristeza. En la ansiedad predomina el miedo, manifestado en una sensación de peligro inminente que tiende a crecer invasivamente. Genera descontento en el estado de ánimo y en casos graves provoca bloqueo o parálisis.

En términos generales, el estrés surge a partir de factores externos como un trabajo, una mudanza o cualquier cambio. La ansiedad aparece por factores internos desencadenados muchas veces por la propia persona; que crea y alimenta pensamientos catastróficos y sensaciones angustiosas, independientemente del entorno.

El estrés es un exceso de presente, mientras que la ansiedad es un exceso de futuro. Para el estresado, el presente es infinito, pues se siente atrapado en lo que le preocupa. El ansioso se centra en algo que podría pasar y aún no pasa, o pudo ocurrir, sin posibilidad de intervenir en ello. No logra evaluar con objetividad su presente, pues vive en función del miedo a algo terrible que viene en camino, fantaseando con las posibles consecuencias.

La importancia de conocer estas diferencias radica en comprender mejor cada situación para brindar la ayuda necesaria y pertinente según sea el caso. El estrés desaparece cuando el estímulo es eliminado, o la situación conflictiva es resuelta. La ansiedad tiende a prolongarse, ya que se alimenta de una imaginación exacerbada y negativa, requiriendo ayuda profesional.

Por: Fernando Aparicio.

Fernando Aparicio es psicólogo, terapeuta y acompañante de vida. Su recorrido incluye el trabajo en Recursos Humanos, educación y capacitación.

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