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¿Te has dado cuenta qué tanta discriminación existe a nuestro alrededor? Pasas por la calle y escuchas un… “¡Pinche mugroso, como si tuviera tu tiempo, atraviesa rápido la calle carajo!” Un conductor le gritaba hace una semana a un transeúnte que cruzaba sobre Reforma. Quien gritó, no tenía un aspecto prolijo en su persona.

Tal vez te parezca que discriminé también al conductor por decir que no tenía un buen aspecto a mi parecer y es así querido lector, todo es cuestión de percepciones.

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Una madre habla con su hija… “Si te casas con un güerito tus hijos te van a salir bonitos, pero si te casas con prieto ni ganas te van a dar de agarrarlos” La madre que mencionó esto, es de piel morena.

¿Te sorprende que corrobore que es de piel morena? Pue piénsalo dos veces, el problema surge cuando nosotros condenamos a la persona que hizo la agresión creyendo que somos santos y no es así.

Una mañana en el transporte público… “Esa es una pendeja, ni la escoba sabe agarrar” Una mujer que no parecía muy brillante por obvias razones, menospreciaba a su nuera por no saber barrer su casa. ¿Crees que esto sea justo? Por supuesto si somos del tipo purista, ¡claro! nos arrancaríamos las vestiduras, pero no perdamos la cabeza, tal vez nos sintamos en un pedestal por pensar que condenar su mal comportamiento nos exime de ser agresores, pero te pondré algunos ejemplos que nos harán pensar:

  • Colocar memes en redes sociales que hacen alusión al tipo de color de piel, etnias, razas, géneros, incluso de política que agrede a las preferencias de otros, etc. no nos hace parecer  graciosos.
  • Repetir un estereotipo o desestimar fácilmente el punto de vista de alguien, lo que puede marginar a un individuo, no nos hace parecer interesantes o inteligentes en una conversación.
  • Sorprenderse porque alguno de nuestros compañeros en la oficina no habla inglés (aunque es una habilidad que algunas empresas requieren, vivimos en México y se habla español. Recuerda que no todos tenemos las mismas habilidades para aprender).
  • Escuchar un género de música específico, no nos hace especiales, existe gente a la que incluso no le gusta la música ¿sabes?.
  • Preguntar por qué el hijo de alguien es “blanco” o rubio, no nos hace parecer solo curiosos, imagina lo que piensan de nosotros y podría escribirlo aquí: ____________.
  • Condenar a una persona con poca habilidad al manejar, “solo desde nuestro punto de vista” por ser mujer, no nos convierte en unos bólidos del volante, ni nos hace  perfectos, es más, a la persona que pudimos ofender por cometer un error mínimo que no afectó en nada nuestra vida, probablemente cuenta con un temple mejor que el nuestro y no le afectan nuestros comentarios.
  • Comparar a las personas que no se graduaron con las que sí lo lograron. ¿Te suena conocido? A veces ni nosotros mismos hemos terminado una carrera universitaria pero, probablemente, nuestra mente nos engañe y sintamos que por el hecho de juntarnos con gente brillante, lo somos también y ¿sabes qué? igual y tú que me lees, tampoco has terminado o pisado siquiera una universidad. Recuerda, “No todo lo que brilla es oro”. Las habilidades muchas veces vienen de otro lado.

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Estos son algunas de las cosas que escucho a diario ¡y son reales!, aunque como antes te lo hice saber, son nuestras percepciones las que nos hacen pensar que las personas son las malas y nosotros pertenecemos al buen bando por condenar la forma en que otros se comportan, así que pensemos mil veces antes de juzgar y recordemos que el pigmento de nuestra piel, las monedas que traigamos en el bolsillo, los “contactos” que tengamos, el estatus que poseamos, no tiene nada que ver con la capacidad, el desempeño, productividad, amorosos o sabios que podamos ser.

Platícanos, ¿Qué otro tipo de agresión conoces o has experimentado?

 

Por: Lilia Cardona.

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