No cabe duda que los oscuros túneles del metro guardan una cantidad incontable de historias y secretos. Existen muchas leyendas y anécdotas de las cuales resulta imposible constatar su veracidad; no obstante, siempre es divertido escuchar la crónica de los relatos más populares. Una de esas historias, es la que gira alrededor del vampiro de la estación Barranca del Muerto.

Se dice que un pasajero de la línea 7 del metro, aquella que es famosa por la profundidad subterránea en la que viaja, se quedó dormido al llegar a la terminal de Barranca del Muerto y despertó en la penumbra de los túneles donde se guardan los vagones antes de comenzar una nueva travesía.

Asustado, encendió su encendedor para alumbrarse y descubrió que no se encontraba solo, compartía la estancia con un indigente, que encontró en el vagón un lugar para descansar. Apenas aliviado por tener compañía humana, el pasajero se sorprendió al escuchar pisadas en el techo del vagón, a las que siguió una sombra que entró por la ventana entreabierta del mismo.

El indigente le gritó a la misteriosa figura reclamándole el susto, hasta que el nuevo invitado se abalanzó sobre él para atacarlo. El otro pasajero, apenas iluminado por la luz de su encendedor, alcanzó a divisar a una criatura de dos metros de altura, cara amarillenta, ojos rojos inyectados de sangre y colmillos afilados.

El pasajero aterrorizado saltó por una de las ventanas y corrió a máxima velocidad hacia la luz de la estación. Ya a salvo, lo último que recordó antes de desmayarse fueron las garras de la criatura tomándole de la pierna justo antes de llegar al andén iluminado. Cuando despertó en el hospital le contó lo sucedido a las autoridades, pero nadie le creyó.

Por: Daniel Arturo Pérez Rivera.