Pocas figuras han logrado ser imagen, voz y símbolo de las luchas populares más allá de su tiempo. La figura de Emiliano Zapata trasciende tiempo y espacio pues, a veces sin conocer su historia, se convirtió en un raro de inconformidad y rebeldía ante la tiranía.

Nacido un 8 de agosto de 1879, de familia campesina, pasó sus primeros años como jornalero, pero empapado de las ideas liberales que había dejado el juarismo. Al mismo tiempo comenzó su carrera por la defensa de las tierras en contra de los hacendados.

 

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Tras el estallido de la Revolución Mexicana decidió levantarse en armas junto con otros líderes indígenas, el día 10 de marzo de 1911, bajo la proclamación del Plan de San Luis.

Las justas más sobresalientes se dieron en Chinameca, Jojutla, Jonacatepec, Tlayecac y Tlaquiltenango, en donde cayó el líder Pablo Torres Burgos, sucediéndolo Emiliano Zapata por la junta revolucionaria del sur en 1911.

Entonces el jefe revolucionario promulgó su célebre Plan de Ayala, de donde se extrae  el famoso lema:

“La tierra es de quien la trabaja”.

 

Una vez que Francisco I. Madero triunfó sobre Porfirio Díaz, las demandas del Caudillo del Sur no fueron cumplidas, ya que cuenta una historia que, en una audiencia con Madero donde se le ofreció una hacienda, el revolucionario expresó:

No, señor Madero. Yo no me levanté en armas para conquistar tierras y haciendas. Yo me levanté en armas para que al pueblo de Morelos le sea devuelto lo que le fue robado. Entonces pues, señor Madero, o nos cumple usted, a mí y al estado de Morelos lo que nos prometió, o a usted y a mí nos lleva la chichicuilota.

No obstante su lucha más encarnizada surgió con el ascenso de Victoriano Huerta pues se convirtió en uno de los bastiones de la lucha de los pueblos por sus derechos.

Finalmente tras varias batallas decidió reunirse en la Hacienda de Chinameca, en Morelos, el 10 de abril de 1919, donde le dieron muerte a traición.

Por: Daniel Montes.