Nuestro planeta se enfrenta a una crisis ambiental como resultado del abuso de los combustibles fósiles como el petróleo, los cuales, además de emitir sustancias  perjudiciales para la atmósfera y la salud humana, requieren de millones de años para su formación y por tanto se consideran un recurso finito.

Es por ello que la comunidad científica y empresarial apuestan por fuentes de energía alternativas y renovables. Incluso los herederos de la familia Rockefeller decidieron abandonar la tradición petrolera para dedicarse a las energías limpias.

Entre los métodos más novedosos para obtener combustible, encontramos la generación de energía a partir de desechos, lo cual toma sentido al considerar que el incremento poblacional así como los hábitos de consumo modernos, desembocan en una cantidad cada vez mayor de residuos. Parece ser que la mejor manera de deshacerse de estos es una combinación de reciclaje y el aprovechamiento de la basura para obtener energía.

Quizá te interese:
Apple Park: El nuevo campus de la compañía más innovadora del mundo

Algunos de los procesos para obtener beneficios de los desechos, previamente separados y organizados, incluyen la conversión térmica, la cual consiste en generar calor con la quema de los compuestos para calentar agua y así producir vapor que se aprovecha en turbinas que generan  energía.

Otra opción es la conversión bioquímica, la cual se vale de la digestión anaeróbica de los microorganismos que consumen los desechos. Cuando este proceso ocurre en ausencia de oxígeno, el resultado es un gas biológico que se utiliza en la producción de electricidad o calor.

Por último, la conversión fisicoquímica transforma una fracción de los residuos en cápsulas (o pellets) que pueden utilizarse a manera de combustible por diversos dispositivos con nuevas tecnologías. Se trata de un proceso similar al de las locomotoras de vapor, que funcionaban a partir del carbón, pero con resultados más amistosos con el ambiente.

 

 

Por: Daniel Pérez.