Ernesto de la Peña Muñoz era un poeta erudito, un lector voraz y un admirable escritor, de esos que no presumían intelectualidad pero sí gustaban de divulgar sus conocimientos. Fue uno de los personajes literarios más importantes de México, siempre claro al explicar el aprendizaje que adquirió a lo largo de su vida.

Nacido en Ciudad de México el 21 de noviembre de 1927, don Ernesto fue un “sabio sin pedantería“, tal como lo describió el periodista y escritor Javier Aranda Luna, en una entrevista en 2012.

De la Peña Muñoz dominaba 17 idiomas, tradujo los evangelios del griego al español, promovió la música clásica en especial de Richard Wagner y Wolfgang Amadeus Mozart. Las aportaciones de Ernesto de la Peña Muñoz a la cultura popular fueron invaluables. Su primer poema lo escribió a la edad de 4 años y dos años después comenzó a leer.

El erudito y modesto Ernesto de la Peña, personaje de la cultura mexicana. ActualMX

Ernesto de la Peña

Desde pequeño leía sin límites a grandes literatos como al escritor francés del siglo XIX Alejandro Dumas, autor de Los Tres Mosqueteros y El Conde de Monte Cristo, obras que releyó varias veces.

Pero fue hasta los 16 años que inició en el mundo de la libre poesía, los sonetos y las sílabas de una manera organizada para aprender sus técnicas lo mejor posible, pues siempre comulgó con la idea de que eso lo debería hacer cualquier escritor.

Entre algunas de sus poesías más representativas llevadas a la música está “Palabras Para el Desencuentro“, tocada al rito de guitarras flamencas.

“La poesía llega o no llega. No te puedes sentar a esperar a la musa. Te llega y te tienes que poner a escribir”, expresó en una ocasión cuando lo entrevistaban.

Con esto demostraba la convicción, compromiso y pasión que tenía por su trabajo, sobre todo el académico, en el cual trataba de evitar usar palabras técnicas pues resultaban difícil de entenderlas.

El literato mexicano para poder sobrevivir también colaboró en revistas, escribiendo artículos de dos cuartillas, por los cuales le pagaban 20 pesos cada uno.

Etapa universitaria

Estudió Letras Clásicas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Una anécdota que recordó fue que una prima suya que estudiaba Letras Españolas en la misma institución le pidió que preparara unos estudios.

Estos servirían para los exámenes mensuales y semestrales que se aplicaban a los alumnos de Letras Españolas de la UNAM, situación que lo motivó a continuar leyendo aún más para seguir preparándose.

Al leer literatura española comenzó a escribir ensayos. En sus últimos días de vida siguió escribiendo este género al igual que poesía y novelas. Siempre tuvo la firme idea de que existe una división muy tajante entre estos géneros literarios.

Además trabajó mucho la prosa, pues le encantaba escribir español; sin embargo, era un arma de dos filos, ya que le daba “mucha guerra” y en ocasiones escribir una página requería dos días.

Le angustiaba publicar su trabajo ya que tenía miedo a la autocrítica y pavor a la opinión pública, pero poco a poco logró superar sus temores.

Amistad con Octavio Paz

Ernesto de la Peña Muñoz sostuvo una distante amistad con el también escritor mexicano ganador del Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, pues jamás quiso pertenecer a su círculo de amigos, ya que prefería la libertad que estar bajo una tutela.

Cuando trabajó como traductor en la Secretaría de Relaciones Exteriores, Paz lo invitó para que laborara con él; accedió y trabajó con él por aproximadamente cuatro meses.

Ernesto de la Peña Muñoz fue sin duda uno de los personajes de la literatura más importantes del país, debido no sólo a su trabajo multifacético en las letras, sino también a la aportación que tuvo hacia la cultura mexicana.

Con su sencillez, inteligencia y sabiduría sembró las raíces en sus obras más simbólicas. Éstas fueron utilizadas incluso después de su muerte, el 10 de septiembre de 2012, a los 84 años de edad.

Por: María Montijo.