Algo que ayuda mucho, de hecho muchísimo a tu avance de conciencia y de espíritu, es el factor de igualdad. Esto es muy simple de entender pero es muy difícil de aplicar en tu día a día.

Quiero que imagines una mesa con un plátano, una manzana, un mango y un kiwi. Cada uno de ellos tiene una forma, características y consistencias distintas; pero en este ejercicio ve cómo todos ellos se transforman en la manzana. Y es que a pesar de sus características individuales, todos conservan algo único y es que son frutas. Al verlos como genérico de algo, date una idea mejor de lo que son, para posteriormente ver sus cualidades individuales.

Bueno, pues así como hiciste este ejercicio, ve a toda esa gente que se cruza frente a ti cada día, como un humano. Más allá de si es flaco, no flaco, bueno, no tan bueno, enfermo, no enfermo, cada uno de ellos es igual en esencia. Cada uno está creado de la misma manera que tú y tiene el brillo de Dios dentro de él.

Algo que ayuda mucho a tu avance de conciencia y de espíritu, es el factor de igualdad. Ve a la gente que se cruza frente a ti cada día, como un humano.

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Este es el factor de igualdad, que te hace distinguir a todas las personas como seres humanos iguales en esencia y con las mismas capacidades de amar y crear que tú. Mientras no uses este factor para tratar con las personas de una manera uniforme, con honor, respeto y mucho amor, tu camino estará bloqueado hasta que lo entiendas y para ello pueden pasar muchos años o vidas completas incluso.

Todo depende de ti. Muchos ya te ven igual a los demás y ni siquiera lo sabes. Es momento de voltear hacia todos lados y reconocer que fuiste creado con el mismo amor que todos y que también lo tienes muy dentro de ti, al igual que los demás. Y así es.

Por: Gabriel Ángel.