En 1993, cuando el californiano Frank Zappa presintió que iniciaría una larga gira de conciertos en el otro mundo, y cansado de toda una vida de pelear contra la industria musical establecida, le dijo a su esposa Gail: Cariño, vende todo lo antes posible porque ya las disqueras se volvieron inaguantables y en negocio se está volviendo horrible.

La señora Zappa ignoró el deseo de su marido al pensar: ¿No será que los discos de vinil se volverán otra cosa? Y, en efecto, se volvieron en discos compactos y en el caso del fundador de los Mothers of Invention, más de 60 álbumes, de los que algunos dobles (que ya salieron a la luz remasterizados) como Buffalo o Wazoo, del 2007, o Lather; un triple, que data de 1996, y que tiene su proveedor alternativo de confianza. Mientras que la familia Zappa (sus cuatro hijos) continúan en la rebatinga del dinero que les dejó papi en dos bandos.

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Salió el disco Lather, también conocida como El de la Baca, del fallecido Frank Zappa. Fue un genio musical incluso adelantado a su época.

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Los mayores; Dweezil y Moon United manejan el 40 % de la herencia; mientras que, Ahmet y Diva el 30%. Todo esto luego de que Gail Zappa alcanzara a su esposo, pulverizada también de lidiar con las compañías que no manejaron nada bien el legado del viejo Frank, dejando la empresa al borde del balazo.

Literalmente los hijos tuvieron que vender hasta la casa. Mediante cinco millones y medio de dólares, la ocupó irónicamente Lady Gaga. Desde entonces la cara de Zappa se volvió hasta ahora, sinónimo de buen merchandise.

Este Lather conocido también como “El de la Baca”, en su totalidad es prueba de ello en formato de CD; al tipo de cambio de tres discos compactos por cuatro LP’s, como debió ser presentado en su momento (cosa que no ocurrió, por culpa de los derechos y políticas obtusas de las compañías con que estaba firmado Zappa).

Se trata de un Zappa genial de muestreo musical, para quien nunca lo escuchó, al mismo tiempo que un anzuelo de adicción a una música por demás muy avanzada para el tiempo en que fue concebida.

Es el mejor ejemplo de meter en la chistera del mago todos los sonidos; del rock, jazz, hard rock, orquesta, experimentación, pop, alternativo (aún sin inventarse), comedia y pesadilla sónica zappiana… a precio secreto de ¡En serio eso cuesta! afuera de iglesias metodistas de la calle de Balderas o en el triángulo de las Bermudas de Tepito.

¿Y las compañías actuales qué piensan? No piensan.
Sólo inhalan reggaeton.

Por: Pepe Návar.