Gabriel Siria Levario, mejor conocido por su nombre artístico, Javier Solís, nació en la Ciudad de México el 1 de septiembre de 1931.

A muy corta edad fue abandonado por su padre y, debido a las dificultades económicas que tuvo su madre para mantener a la familia, fue adoptado por sus tíos del lado materno, a quienes en el futuro se referiría como su verdadera familia.

Desde niño demostró sus dotes artísticos cuando cantaba en festivales escolares, aunque en su quinto año de primaria tuvo que abandonar su educación para ayudar con los gastos económicos, problema que se acentuó al fallecer su madre adoptiva en 1939.

Trabajó como panadero, carnicero, cargador de canastas en el mercado y lavacoches; a la vez que se interesó en deportes como el boxeo.

Más tarde, decidió no dejar de lado el canto, por lo que se presentó en carpas y lugares públicos, al igual que otros artistas nacientes de la época. Fue entonces cuando conoció a Manuel Garay, quien administraba el Teatro Salón Obrero y le dio un lugar para desarrollarse como cantante.

Para cantar, el joven Gabriel se cambió el nombre a Javier Luquín mientras seguía en la práctica de otros oficios.

David Lara Ríos, dueño de una de las carnicerías donde trabajó Gabriel, se dio cuenta del talento del muchacho y decidió pagarle unas clases de canto con Noé Quintero, maestro que se encontraba detrás de la formación de grandes personalidades de la época.

Así, “Javier” comenzó a tomarse en serio su carrera como artista, presentándose en restaurantes y plazas públicas, lo cual desembocó en sus primeras giras y trabajos como animador, con lo cual se dio cuenta que al fin podía obtener dinero cantando.

En 1955 cambió su nombre de nuevo a Javier Solís y al siguiente año ya estaba grabando material discográfico para Discos Columbia de México (que hoy se le conoce como Sony Music).

En 1960 se fue de gira a Estados Unidos e incluso participó en el cine, donde actuó en 33 películas.

Javier Solís falleció en 1966, de un paro cardiaco resultado de un mal tratamiento de una vesícula biliar.

Su legado incluye discos como Fantasía Española de Agustín Lara con Javier Solís; Payaso, uno de los 100 discos que debes escuchar antes de morir, de acuerdo con la lista de Sony Music; así como recopilaciones de boleros rancheros y su versión muy especial de «Las Mañanitas».

Por: Daniel Pérez.