Bien dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde… o lo encuentraNadie hubiera imaginado, ni conocedores de rock, ni curtidos coleccionistas de vinilos que, el único disco del grupo Kaleidoscope, lanzado allá en 1969 por la compañía de Discos Orfeón, se volvería con el paso del tiempo –por vicisitudes de su edición- no sólo en el más cotizado long play de todo el rock nacional, sino en codiciado objeto de culto discográfico por el cual se ofrecieron –¡y pagaron!- descabelladas cantidades en pesos mexicanos, dólares y euros en diversas convenciones discográficas del mundo; variando tan sólo de que el acetato se encuentre en óptimas condiciones, lo mismo que su portada.

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Hasta hace poco, el larga duración que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666 (que si en lugar de psicodelia hubiera sido de metal, vaya las connotaciones extras que tendría por el cabalístico y satánico, 666, el “número de la Bestia”) tuvo un tiraje de 800 ejemplares.

De esos mismos que llegaron a las tiendas departamentales de la época, más que a las tiendas de discos, se vendieron unos cuantos al irrisible precio de no más de 14.90 pesos, sin contar la pequeña cantidad de discos para promoción que se quedaron sus integrantes.

 

Leyendas urbanas

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Ramón García. Coleccionista del Chopo.

Hoy se sabe –gracias a algunos textos rescatados del olvido por Armando Molina y al documentado blog de Ulises Mavridis, Encontrando a The Kalidoscope; que eso es otra leyenda urbana, pues Orfeón ni grabó el disco, tan sólo lo maquiló (por eso no existen cintas ni registros).

Ocurrió que los propios integrantes del grupo, los hermanos Frank y Paul Tirado, Rafy Cruz y Héctor Gutiérrez, se trajeron de la República Dominicana, unos 200 ejemplares para moverlo y acabaron cediéndoselo a Orfeón. Encima, hay que recordar que, en aquella época el sello Orfeón, era sinónimo de discos chafas aunque, irónicamente, era una marca que apoyaba en la medida en que podía al rock mexicano.

Cuenta otra de sus leyendas urbanas, que la cotización del disco se debía, más que a su estilo musical: un género de interpretación psicodélica, nada fuera de lo común (incluso algunos expertos opinan que, aún ahora con toda la leyenda y el culto que carga, no era una cosa del otro mundo) al mínimo tiraje de unos 200 ejemplares que quedaron en circulación una vez que los aproximadamente  600  “que debe haber hecho Orfeón” fueron retirados de las tiendas por sus nulas ventas, para que con su eventual destrucción, eximieran a las mismas del pago de los impuestos correspondientes.

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Bodo Molitor. Creador de la portada del Kaleidoscope.

Para acabarla de amolar, un hándicap que también tenía en contra el disco era su portada, realizada en el orden de lo horrible por Bodo Molitor, un diseñador alemán (que ahora vive en Egipto), encargado de arte de la disquera y que también, por ese tiempo, acabó grabando un disco, que lleva su nombre.

 

Dime si tienes el Kaleidoscope
Y te diré cuánto te pago

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Kaleidoscope.

Hace unos cinco años, el crítico Rubén Sano hizo un notable descubrimiento al tratar de vender algunos discos que ya no le interesaba tener, entre ellos algunos de rock mexicano que, ya se sabe, se cuece aparte, y más si se trata de discos de vinilo.

Coleccionista de toda la vida y por razones de gusto especial, de algunos discos de rock nacional, se llevó una sorpresa cuando especialistas del Tianguis Cultural del Chopo, le dijeron en lo que se cotizaban –entre cinco o 10 mil pesos por disco- y lo que llegan a valer algunos ejemplares de grupos como El Tarro de Mostaza, Toncho Pilatos, La Revolución de Emilano Zapata, Los Spiders, Los Monjes, Alfonso Arau y los Tepetatles y otros, tan sólo dependiendo de su estado.

Así que separó los discos que tenía repetidos para ver lo que les podía sacar. Curadores de vinilos como Juan José “La Leyenda” Guajardo, acreditado corredor de valores discográficos, hizo cuentas y les puso precio. Incluso propuso subirlos a Internet para ver cómo se podían llegar a mover tanto discos abiertos en buen estado, como cerrados que, tan sólo por esa circunstancia, adquieren un valor extra.

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Juan José Guajardo. Coleccionista.

No pasaron dos sábados, cuando en el Chopo, Sano ya tenía una lista de compradores potenciales que pagaron muy bien ediciones importadas de grupos alemanes, ingleses, italianos, españoles y franceses.

Fue entonces cuando Guajardo (que, no lo van a creer, pero se trata del auténtico sobrino del asesino de Zapata; es decir, del general Guajardo, aparte de guionista radiofónico, en la mejor época de WFM) le preguntó como dudando si tenía el disco de Kaleidoscope. “No tengo la menor idea”, fue su respuesta. Acostumbrado a trabajar para varias disqueras en una etapa inicial de su vida, en ese momento no supo ni de qué le estaban hablando.

“Si tienes el Kaleidoscope -le soltó- entonces si ¡aguas!
porque ese disco sí que vale una buena lana”.

Si de algo puede presumir Rubén Sano con los discos, es de buen oído y memoria fotográfica para sus portadas. Como Guajardo le describió la portada del disco como una de las más horribles jamás realizadas, se metió a Internet para ver cómo era. Una vez que la vio, se dijo instantáneamente ¡yo tengo ese disco!

 

Una búsqueda que hubiera querido
hacer Indiana Jones

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Discos.

La bodega de discos que tiene Rubén Sano en su casa, es un habilitado cuarto de servicio donde, entre otros cachivaches, reposan unos ocho mil discos de vinil. Ahí, en alguno de sus estantes construidos especialmente para el tamaño de los LPs, debería estar –al menos en teoría- con los de rock mexicano, el Kaleidoscope.

El mejor aliciente para encontrarlo rápidamente, eran los 20 mil pesos que ofreció inicialmente el tianguista y conocedor Manuel Álvarez (figura clave en esta historia) y que, en unas horas de un sábado en el Tianguis del Chopo, llegaron a 40. “Anímate -le dijo- te ofrezco ese dinero y mil pesos más, tan sólo por verlo”.

Con la promesa que le hizo Sano de ir a buscarlo, Álvarez (que tenía una edición bien cuidada del disco, sólo que con una portada jodidísima por la humedad, que la transformó en un chicharrón de cartón) lo convirtió en marcaje personal: “Dame chance, yo voy a tu casa el día que quieras y lo busco”.

Una investigación y búsqueda aleatoria para encontrar el disco no arrojó nada, por lo que Sano convocó a Guajardo y a otro coleccionista, Juan Manuel Ramírez, para que le dedicaran un domingo entero para localizarlo en su bodega.

Revisaron casi todo, y el Kaleidoscope no apareció. Sin embargo, quedaron bien acomodados y a la mano muchos discos de rock mexicano, de los valiosos, que luego se tradujeron en contante y sonante.

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Kaleidoscope.

En esos días en que casi era preferible llamar a Indiana Jones para que localizara el disco, Sano recordó haberle vendido una gran cantidad de discos a Andrés Ramírez, un vendedor de discos de Balderas. Como había separado todo lo del rock mexicano antes de la venta, estaba seguro que no se había ido el Kaleidoscope, pero…

Habló con Andrés y lo tranquilizó: en efecto él no se había llevado el disco, sin embargo, le dijo “Tú me lo enseñaste y, en un descuido no supiste donde había quedado la portada y lo pusiste  junto a un fotodisco de Los Héroes del Silencio”.

Después de pasar aceite, Rubén respiró y recordó que el fotodisco de Los Héroes se lo había regalado Bunbury en 1991, en España, durante un viaje que hizo con Caifanes, en el año de Mecano. Ahora había que localizar donde había quedado el fotodisco y ver si estaba el de Kaleidoscope. De una cosa estaba seguro: «el disco está en mi casa porque yo nunca vendí el de Los Héroes».

Manuel Álvarez, que seguía insistiendo cada semana como puntual cuchillito de palo, al fin tuvo su oportunidad: un domingo entero para meterse en la bodega y buscarlo. Llegó como a las 10:30 horas y terminó pasada la media noche. Vio disco por disco, los saco de sus fundas, los revisó minuciosamente sin que se le fuera ninguno y no encontró el Kaleidoscope… ¡Pero sí su portada!, en perfecto estado, aprisionada entre dos discos metidos en una bolsa especial de plástico.

A Sano y Álvarez casi se les paraliza el corazón. Si había aparecido la funda, el disco debería estar por ahí.

 

¿Y dónde quedó la bolita?

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Tianguis Cultural del Chopo.

El más valioso disco del rock nacional, sigue sin aparecer, como tampoco el fotodisco de los Héroes del Silencio, con el que debía estar. Rubén lo buscó por todos lados y encontró, como siempre sucede, otras cosas valiosas que estaban perdidas, pero nada del disco.

La historia del acetato que, en estos momento alcanza cotizaciones de poco más de 7 mil 500 dólares en convenciones internacionales de discos, como la de Ulrecht, en Holanda, ha traído a colación más leyendas urbanas del disco.

Según Andrés Ramírez, experimentado comprador y vendedor de discos en la calle de Balderas, hace como unos cinco años apareció un ejemplar en el mercado de la colonia Portales, que fue adquirido por un comprador e intercambiador de vinilos que, mediante una buena cantidad, termino en manos de Manuel Álvarez.

También se sabe que otro coleccionista de discos, lo tuvo y se lo robaron, dejándole sólo la portada (en un robo insólito porque ¿para qué dejar la portada?) Por otro lado, unos intrépidos arriesgaron su dinero y compraron en el viejo almacén de Discos Orfeón, un lote de varios discos descatalogados, entre los que venían dos Kaleidoscope.

Por supuesto al verlos mostraron sangre fría y no dijeron nada. Una vez efectuado el negocio, abrieron los discos y ¡sorpresa! ninguno era de Kaleidoscope, y ya mejor ni reclamar.

Mientras tanto, el ingenio del mexicano, que no conoce límite, llevó a unos emprendedores tijuanenses, sabedores de la fama del disco, a piratearlo, y no sólo eso, sino hasta hacerlo pasar como una edición original de vinil del sello Ciruela Records. La diferencia entre un Kaleidoscope original de Orfeón y uno de Ciruela nada más es de 68 mil pesos.

 

Otras historias

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

José Luis Pluma. Periodista rockero y ex director de la Revista Conecte.

Sin embargo, hasta las ediciones de Ciruela, tienen también su historia cuando se habla del disco del grupo que vino a México, D.F. a unas pocas tocadas (en el viejo Salvation Club, que antes había sido el Champagne A Go Go, que estaba en la avenida Juárez, a un lado del edificio de la Lotería).

Como por ejemplo, la de Jacobo Salleh, ex director de la revista Mixup, que casi se infarta cuando Rubén Sano le contó la historia del disco y lo que costaba. Resulta que a Salleh, abogado de profesión, un cliente suyo le había pagado un trabajo con un disco “muy raro y valioso”, a falta de dinero.

Por la descripción de la portada y lo que le contó Sano, el señor Salleh no dudó ni por un momento que tenía el Kaleidoscope. “¿Estás seguro que lo tienes y que es el de Orfeón? Porque si tienes el de Ciruela, vale como 300 pesos”. “Si, sí lo tengo» y le relató cómo llegó a su manos.

Al terminar la plática, Salleh llegó a su casa, tomó el teléfono y le habló a Sano: “Acabo de llegar y estoy sacando el disco del mueble en que lo tengo… Espérate ahorita te digo”. Se hizo un silencio sepulcral y luego sólo se escuchó un grito desgarrador: “¡¡¡Chingada madre… es el de Ciruela!!!”.

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Bodo Molitor.

Tal vez la más increíble, lo mismo que gandalla y ventajosa, sea la protagonizada en septiembre de hace tres años por José Luis Garnica, colmilludo coleccionista del Tianguis Sabatino del Chopo y viajero frecuente de convenciones de discos en Europa, y la de un chavo desconocido, que ha de haber hurgado en los viejos discos de rock mexicano de su papá, llevándose algunos títulos de grupos viejos del rock nacional como Toncho y la Revo, para venderlos.

Refieren las buenas-malas lenguas -a las que ahora corroe la envidia- que el joven anduvo ese sábado por los pasillos del tianguis ofreciendo su mercancía entre coleccionistas y compradores de ocasión. La mayoría le hicieron el feo o le sacaban la vuelta, porque el disco de La Revolución de Emiliano Zapata que llevaba bajo el brazo, se veía muy madreado.

Sin embargo, entre ese y los otros discos medio jodidones (a decir de quienes estuvieron cerca) estaba -¡¡Pero claro que sí!!- una edición impecable del Kaleidoscope, apenas con una o dos marcas de algún alfiler en los bordes de la portada y, por supuesto, el disco en magníficas condiciones.

Todos lo ignoraron, menos Garnica, que seguro pensó: «¿Qué puedo perder con verlos?». Le pidió al chavo los discos que le ofrecía. Movió el de La Revo y cuando vio el Kaleidoscope, se le ha de ver subió la bilirrubina, pero mantuvo temple de acero. Como no dándoles importancia, le dijo al chavo ¿Cuánto quieres por este? El joven no lo dudo: “Dame 250 pesos”.

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

José Luis Garnica. Coleccionista.

La respuesta que le dio Garnica (“Te voy a dar 200”) es considerada lo mismo antológica como de lo más gandalla, según el gremio chopense. No pasó ni una semana y Garnica terminó con 50 mil pesos en la bolsa, que le pagó Manuel Álvarez por el disco. En tanto, más de uno, de los que dejaron pasar al chavo sin ver los discos, se quisieron cortar las venas… con pan Bimbo.

Todavía hay una anécdota más reciente: un doctor fue a vender una colección de viniles a una tienda especializada que está en Peralvillo. Le ofrecio sus discos al dependiete y éste, al revisarlos, vio el Kaleidoscope.

Comprobó que no se trataba de una réplica, sino de un original y cerró el trato con el médico: se los compraba todos en 36 mil pesos. Le pidió al galeno que le diera dos semanas para juntar el dinero, y cerrar el negocio, y así se hizo del codiciado disco en donde el doc nunca supo para quién trabajó.

Ya con estas me despido

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Manuel Álvarez y su hijo. El que más veces ha comprado y vendido el Kaleidoscope.

Manuel Álvarez:  Antes de sacar una edición de mil discos en vinil, hechos en Los Angeles, California; a imagen y semejanza, sello, todos los papeles y permisos en regla del Kaleidoscope original (utilizando la portada que le compró a Rubén Sano en ocho mil pesos, además de prometerle el resto, si es que aparece algún día el disco en su casa), puso a circular una réplica en CD, también legal, que tiene como centro el sello oficial de Orfeón de 1969 y un booklete a color con información del grupo, que se ha vuelto de colección, a un precio de 200 pesos.

El álbum en edición 2012 se consigue hoy entre los $1,000-$1,500. El también asistente a convenciones discografías en el viejo continente, nunca ha lamentado no tener el disco, sino que suspira por no haber tenido más de los que ha vendido.

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Frank Tirado. Vocalista de Kaleidoscope.

Frank Tirado: El vocalista de Kaleidoscope, reveló luego de 40 años que la grabación del famoso LP se hizo en los Estudios Fabiola de Santo Domingo, en la Republica Dominicana, y no en Discos Orfeón como todo mundo creía. El productor del disco es Edgar Zamudio, que no es mexicano. Sin embargo, otro azteca, Porfirio Reyna, se coló en los créditos como “Director Artístico”.

Bodo Molitor: A él se debe el arte de la portada y la contra del Kaleidoscope. Hizo tantas portadas cuando vivió en México, ya no se acuerda ni quiénes son los personajes que aparecen en la del susodicho.

José Luis Garnica: Al que le pusieron en charola de plata el disco, recomienda nunca dejar pasar a alguien que este vendiendo sus discos, sin revisarlos; no importa el estado en que estén. Y si alguien tiene por ahí una edición bucanera del Kaleidoscope, incluyendo la de Ciruela, él la compra.

Juan José Guajardo: Todavía llora porque el chavo que vendió el disco, presumiblemente de su papá (o del abuelo, uno nunca sabe), no se cruzó en su camino ese sábado y fantasea que hubiera hecho con esos 60 mil pesos, que no se los gana cualquier sábado en el Chopo.

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Andrés Ramírez. Vendedor de discos de la calle de Balderas.

Andrés Ramírez: Sigue vendiendo LPs y CDs en su puesto de Balderas, es conocedor de rarezas de rock mexicano y del Kaleidoscope original, piensa que todavía puede estar en alguna colección privada o en los discos heredados por algunos chavos de su papá; o en los que terminan arrumbados por ahí en alguna casa o departamento. Ahí puede brincar alguno.

José Luis Pluma: El ex director de la revista de rock Conecte y periodista en activo, no deja de mostrase sorprendido por la sobrevaloración que alcanzó el disco, soslayando otros trabajos de rock nacional mucho mejores, que permanecen casi ignorados.

Ramón García: Uno de los coleccionistas más importantes del rock mexicano, sino el mejor, sintetiza el Kaleidoscope en que, unos lo buscan afanosamente para comprarlo y revenderlo, mientras él lo tiene y no lo vende.

También presume en tener un raro ejemplar de un LP llamado Afro-rock Like Santana Sounds (marca Tempo, de 1977) donde en su lado B y más precisamente en la canción cinco, viene una rola de Kaleidoscope  –“Hang Out»— bajo el título “Boy”.

Armando Blanco: El que fuera fundador y dueño de la famosa tienda de discos Hip 70, afirma que conoció personalmente a los integrantes del grupo y que su disco, cuando se vendió ahí, no pasaba de los 100 pesos. Hoy vive en otro planeta y vende un libro artesanal de rock con sus andanzas.

Ulises Mavridis: Sin los datos aportados en su blog sobre sus encuentros cercanos en la red con miembros de Kaleidoscope, con Bodo Molitor y su rescate hemerográfico de la época, atando cabos en revistas como México Canta y ordenando imágenes en YouTube, nunca se hubiera sabido la verdadera historia del grupo.

El larga duración de Kaleidoscope que apareció en el mercado hace 43 años con el número de serie LP 12-666, ahora vale una fortuna entre coleccionistas.

Armando Blanco. Ex dueño de Hip 70.

 

Por: Pepe Návar.