Los perros pug son de las mascotas más populares de los últimos tiempos. Y cómo no amarlos: con sus orejas caídas, ojitos saltones y mirada triste que desatan el amor y compasión hasta de las personas más amargadas.

Por desgracia, la vida de un pug no es nada sencilla, pues son criaturas propensas a diversas enfermedades y problemas congénitos.

El hocico chato de estos animales les trae dificultades como regular su temperatura corporal; su nariz les impide respirar con naturalidad; sus dientes mal alineados desembocan en enfermedades periodontales.

Además cuentan con escasa protección en los ojos al explorar su entorno, lo cual termina en posibles lesiones… y eso sólo es la punta del iceberg.

En pocas palabras, el pug no está diseñado para tener una vida saludable. No se trata de un error de la naturaleza, pues la existencia del pug es resultado de la experimentación humana.

Pug

Shutterstock

El hombre a lo largo de la historia jugó con la crianza de los perros de acuerdo a su apreciación estética u otros fines egoístas.

Por desgracia, la conclusión es que debemos evitar el adquirir este tipo de perros, ya que la compra y venta masiva de esta raza de canes es el pretexto perfecto para perpetuar su crianza y la prolongación de su sufrimiento.

Esto también va para razas como los bulldogs, boxer, pekinés, shih tzu, entre otros de hocico chato.

Por supuesto, si ya tenemos uno de estos perros lo mejor es cuidarlos con amor y atender sus problemas lo mejor posible.

Si de plano nos morimos por adquirir uno… en ese caso lo mejor es buscar en un centro de adopción o cualquier otro lugar que no los venda; eso sí, advertimos que debido a la popularidad de estos perritos es muy difícil encontrarlos fuera de la venta.

Ayudemos a nuestros amigos peludos y de cuatro patas.

Por: Arturo Rivera.