De acuerdo con la OCDE, México es uno de los lugares donde los empleados trabajan durante muchas más horas comparados con otros trabajadores del resto del mundo (también ganan menos, pero dejaremos ese tema para otra ocasión).

También es bien sabido que el área de trabajo suele constar de un cubículo, un triste escritorio y una silla aburrida que, para acabar la tragedia, a veces hasta es incómoda.

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También existen espacios laborales donde se cree que la felicidad del trabajador y un espacio recreativo genera un ambiente que incluso mejora la productividad: las oficinas de Instagram, por ejemplo, están diseñadas para sentirse como una versión 3D de la aplicación.

Incluyen un espacio creativo para que los empleados se tomen fotos y las paredes de todo el edificio están decoradas con galerías de imágenes obtenidas de la misma app, las cuales sirven de inspiración. Hay microondas en cada piso y una cafetería que también sirve waffles.

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Otro caso es el de las oficinas de Amazon en Seattle, las cuales podrían pasar por un parque público de no ser por la gente que labora ahí.

El edificio es un invernadero de alta tecnología, de techo y paredes transparentes donde los empleados pueden pasear entre pequeñas secciones de bosque bajo techo, las cuales incluyen riachuelos artificiales, puentes colgantes e incluso algunas casas del árbol.

En algunos lugares, como Alemania, se puede hacer mucho por la felicidad de los empleados con un plan mucho más sencillo y de menos presupuesto. En algunas compañías, el techo se utiliza de espacio recreativo donde los trabajadores pueden organizar parrilladas o tener sesiones de ejercicio. Claro que antes de intentar algo así en México habrá que tomar el clima en consideración.

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Oficinas como la de Google son mucho más extravagantes y parecen auténticos parques de diversiones: cuentan con resbaladillas que conectan a un piso con otro, hamacas, o salones de juntas ambientados como canastas de globos aerostáticos.

Es cierto que lujos como los que Google se da no se los pueden permitir todas las compañías, pero quizá algún día llegue el momento en que los espacios recreativos para los empleados sean valorados por los grandes consorcios mexicanos. Nada cuesta cruzar los dedos.

Por: Arturo Rivera.