La frase “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, pocas veces se entiende a plenitud, sin embargo, pocas veces también es tan ilustrativa como en el caso de la madre del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, la señora Raquel Espinosa Sánchez, que lamentablemente falleció este 30 de enero del 2018.

El 16 de enero de 1966, Raquel dio a luz al que a la postre resultaría ser su único retoño, el pequeño Miguel Ángel, al que se dedicó completamente para que tuviera una vida digna y próspera, objetivo que cumplió a cabalidad.

Raquel Espinosa Sánchez, al igual que muchas de las madres de la década de los 70 en la Ciudad de México, trabajó tiempo completo para que su niño tuviera la oportunidad de trascender. Laboraba como administradora en un laboratorio en la avenida Miguel Ángel de Quevedo, irónicamente nombrada en honor a un tocayo de su hijo, un ingeniero que escribió el primer tratado de urbanismo del México independiente, mismo urbanismo que rige la política pública del máximo mandatario de la capital mexicana.

Ese urbanismo que brotó de la educación de su madre, que si bien no contó con la preparación académica de su hijo, le dio las bases de la organización y el profesionalismo que caracteriza la vida profesional del doctor en derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Pero toda esa historia de éxito nació de la señora Raquel, quien salía de su casa temprano por la mañana y regresaba todos los días en la noche y se daba tiempo para revisar las tareas del joven Miguel Ángel e inclusive llamarle la atención cuando fuera necesario.

El propio Mancera recuerda que su madre no lo regañaba mucho, sin embargo, tiene muy presente aquella vez que lo castigó por no aprenderse las tablas de multiplicar.

Ahora, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México recuerda a su madre con nostalgia y mucha admiración, porque al final de cuentas si Miguel Ángel Mancera es un gran hombre es, en gran parte, porque Raquel Espinosa Sánchez fue una gran mujer.