Quebró la empresa, te corrieron o simplemente estabas harto y decidiste saltar del bote, en cualquiera de las posibilidades anteriores sólo hay un resultado: estás desempleado ¿y ahora?

En el mejor de los casos consigues un nuevo empleo de manera rápida; en el peor, las deudas te ahogan, hay que pagar tarjetas y renta, la desesperación comienza a cobrarte factura. Mantén la calma y échale un vistazo a este texto.

De acuerdo con El Economista lo primero es sacarle todo lo que podamos a la empresa que dejamos, es decir; hay que cobrar finiquitos, fondos de ahorro y hasta la tanda que organizaba la señora de las quesadillas.

Además es importante cerrar el ciclo de la mejor forma, limar asperezas, mantener contactos (lo anterior hará más fácil que posteriormente puedas encontrar otro empleo).

Regla de oro: no gastes el dinero que no tienes. Estira tus fondos, maximiza ahorros y planifica tus gastos.

Lo ideal es que no hayas pedido créditos que no puedes pagar, nadie debería entrar en ese embrollo si no puede solventar ese gasto pero si ya la regaste ni modo, trata de pagar lo menos que puedas pero hay que seguir pagando.

No pidas prestado, evita endeudarte más y si lo haces, intenta que sea a personas muy cercanas como tus padres, hermanos o amigos.

Comienza a buscar un empleo inmediatamente. Envía tu curriculum a todos los lugares que puedas y a todas las personas que conozcas. Se vale también hacer uso de redes como LinkedIn.

Para evitar el agobio que significa encontrarse en una situación como ésta, lo recomendable es crear desde ahora una cultura de ahorro. Si no estás en este apuro pero terminaste de leer, comienza a ahorrar, nunca se sabe que pueda pasar.

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Por: Alejandro Camacho