En nuestro serial dedicado a las grandes Marías que han marcado la vida cultural de nuestro país, hoy nos encontramos con María Antonieta Pons: actriz y bailarina de origen cubano que hizo de la fiesta y su entusiasmo un oficio con el cual ganarse la vida. Esta mujer fue un descubrimiento ni más ni menos que del cineasta español Juan Orol, quien ya tenía una carrera en México y decidió lanzarla al estrellato. Y no se equivocó con dicha decisión, pues fue más que bien recibida.

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En 1938 debutó en la película Siboney, con lo que se convirtió en la vanguardia del cine de rumberas que tanto éxito tuvo en las décadas de los cuarenta y cincuenta, lo que algunos todavía consideran como la gran época del cine mexicano. Esto ocurrió a la cadencia natural de sus movimientos.

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María Antonieta nació en La Habana, Cuba, el 11 de junio de 1922, y aunque poco se conoce de su vida mientras estuvo alejada de los sets de filmación, a partir de una pequeña aparición en la película La serpiente roja, fue que Orol quedó enamorado de ella, no solo como una profesional del baile, sino también por su belleza por lo que decide hacerla su esposa.

Sin embargo, este matrimonio duró solamente seis años, entre 1940 y 1946; cuatro años más tarde, contrae nupcias con el también cineasta de origen español Ramón Pereda. Con él tuvo a su única hija y estuvo casada hasta el día en que el murió en 1986. Posteriormente volvió a casarse, pero esta vez con Benjamín Álvarez, periodista de profesión.

Pons tiene en su legado artístico más de cincuenta películas siendo Caña Brava (1965) la última que filmó en su carrera. Inclusive Orol se atrevió a afirmar que era más exitosa que María Félix.

María falleció el 30 de agosto del 2004, a los 82 años, a causa de un paro cardíaco.

Por: Aldo Mejía.