En México tenemos muchos personajes célebres de distintas disciplinas. Una de las más intrigantes e interesantes por todo lo que representan, son los chamanes y curanderos. En la Sierra Mazateca, el 22 de julio de 1894, nació una de las más memorables y reconocidas a nivel mundial en su disciplina: María Sabina.

La curandera nació en Huautla de Jiménez, a unos 250 kilómetros de la capital de Oaxaca. Desde muy niña padeció la pobreza extrema, pues se tuvo que ir a vivir, junto a su madre y hermana, con sus abuelos maternos, quienes se dedicaban a la crianza del gusano de seda y a la agricultura. Sabina no recibió ningún tipo de educación escolarizada y se le obligó a casarse a los 14 años; un año más tarde nació su primer hijo, de tres que tuvo. En 1914 quedó viuda.

El primer contacto que tuvo con los hongos fue a los cinco años, cuando intentaban curar a uno de sus tíos. Esta herencia le vino de parte de su familia paterna. Junto a su hermana consumió las setas por primera vez luego de encontrarlas por ahí, por pura curiosidad.

 

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Las enseñanzas más formales sobre el chamanismo las recibió de su segundo esposo, quien respondió de forma negativa al ver las grandes cualidades que tenía María, y lo rápido que ésta le superó. Quedó viuda una segunda vez, pero ya llevaba consigo el conocimiento.

En 1952, el banquero Gordon Wasson, acompañado de su esposa Valentina Pavlovna, le hizo una visita a Sabina, donde les recibió y guió en el uso de los hongos. Dos años más tarde, Wasson publicó un artículo en la revista Life sobre su experiencia en la Sierra Mazateca. Lo que atrajo a una gran cantidad de visitantes.

Entre las personalidades más reconocidas que visitaron a María Sabina, están Aldous Huxley, Walt Disney, Alejandro Jodorowsky, Mick Jagger, Bob Dylan, Peter Townshend y Jim Morrison. Pero uno de los registros más completos al respecto lo hizo Fernando Benítez, en su libro Los hongos alucinantes.

Por: Aldo Mejía.