Son bien conocidos los negocios turbios de algunas farmacéuticas alrededor del mundo: día con día aparecen más casos públicos sobre medicamentos adictivos, con pseudo efectos para prolongar su consumo así como retrocesos en los avances médicos, que ocultan información al público o amenazan a científicos sobre sus descubrimientos.

Es a partir de estos casos donde la medicina holística comienza su re-descubrimiento y aceptación, pues se obtiene de conocimientos milenarios, mucho más antiguos que los métodos médicos tradicionales, que además es más accesible y evita procedimientos y consumo de fármacos agresivos en la mayoría de sus casos.

La holísitica emplea tratamientos tanto modernos como tradicionales, pero siempre se enfoca en el poder mental de sanación natural de nuestro cuerpo, en relación al medio ambiente en el que vivimos; siempre busca atender al paciente y “no a su enfermedad”, pues al ser humano se le considera como una unidad: cuerpo, mente y espíritu. Por lo tanto las enfermedades son resultado del desequilibrio de estas tres unidades.

Estudios recientes, corroboran la conexión que hay entre nuestras emociones y pensamientos con las enfermedades que padecemos. Uno de los más relevantes es el estudio del doctor Masaru Emoto, quien comprobó que las moléculas del agua reaccionan a las emociones de los seres humanos y afectan su composición.

Dentro de los tratamientos tradicionales, se encuentran remedios que provienen de las propiedades curativas de la naturaleza, sin procesos químicos complejos para la obtención de sus efectos, así como técnicas que se relacionan con la manipulación de los puntos energéticos de nuestro cuerpo como la acupuntura. Las técnicas holísticas modernas no son más que estos mismos principios mejorados mediante avances tecnológicos, como la electro-acupuntura, radiónica, etc.

Así que este tipo de medicina se le puede considerar como 00. Además cada vez son mas los casos, que la medicina convencional al no encontrar explicación, les catalogan como “milagros”, sin reconocer que las pruebas están ahí, desde hace miles de años.

 

 

Por: Fernando Martorell.