Los humanos mentimos. Según el relato bíblico del Génesis, mentir fue el primer acto del ser recién creado. Oímos o leemos más de 200 engaños al día, muchos de ellos son nuestros.

La mentira es parte de la evolución de nuestra vida social. Richard Byrne y Nadia Corp, de la Universidad St. Andrews de Escocia, descubrieron una proporción entre el tamaño del cerebro y el engaño en los primates. Cuanto más sofisticado es el animal, más comunes y astutos son sus juegos para dar información errónea.

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Mentir es una destreza que prosperó con nosotros y la usamos con regularidad; forma parte de un peculiar mecanismo para obtener ventajas sustanciales y múltiples beneficios, como afirma Robert Trivers, profesor de Psicología en la Universidad de Harvard.

¿La mentira, nuestro pan de cada día?

A veces engañamos para ocultar, para convivir, por conveniencia, para dar una buena primera impresión o evitar explicaciones innecesarias. La mentira, inclusive hace parte del aprendizaje social. Los niños comienzan a mentir entre los dos y tres años, a veces alentados por sus padres, para tener comportamientos corteses (agradecer un regalo no deseado, por ejemplo) como parte de la adaptación al entorno.

Timamos a pesar del riesgo a que nos descubran a través de señales que pueden delatarnos. Por ejemplo, elevación del tono de voz, tensión del cuerpo, sudor y múltiples microrreacciones.

Oímos o leemos más de 200 engaños al día, muchos de ellos son nuestros. Es parte de la evolución de nuestra vida social y queremos que nos mientan.

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Pero lo hacemos con frecuencia y lo captamos en los demás. En un estudio, investigadores formularon a los participantes preguntas del tipo: “la persona que ves en el video, ¿miente o dice la verdad?”. La mayoría acertaba; detectaba con certeza cuándo una persona mentía o no.

Mentimos y toleramos que nos mientan. Según algunas pesquisas, nuestra ceguera frente a la mentira responde al deseo de ser engañados; preferimos un cuento bien elaborado antes que una cruda verdad, sobre todo si ésta va en contra nuestra.

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Entonces, ¿estamos programados para mentir? Éste es un acto consciente, que atenta contra nuestra coherencia y genera culpa. La verdad será siempre una posibilidad, una decisión. Para lograr un estado de armonía y equilibrio personal, tal vez no sea necesario ser una persona siempre sincera, sino aquella que normalmente no dice lo contrario de lo que piensa.

Por: Fernando Aparicio.

Fernando Aparicio es psicólogo, terapeuta y acompañante de vida. Su recorrido incluye el trabajo en Recursos Humanos, educación y capacitación.

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