Hoy el corazón de la Ciudad de México es un vestido que cubre siglos de pasado donde se edificó la Gran Tenochtitlan, capital del Imperio Mexica. Por ello es común que, sin importar la zona donde se excave, un trozo de historia emerja, como el lobo cubierto de oro enterrado hace más de 500 años que se encontró detrás de la Catedral Metropolitana.

Este hallazgo posiblemente sea uno de los más grandes en cuatro décadas, ya que las piezas que adornan al lobo (el cual representa a Huitzilopochtli, dios del sol y la Guerra, considerado guía de los guerreros caídos para cruzar el río del inframundo) son de una calidad poco común.

El corazón de la CDMX resguarda gran parte del tesoro mexica; antes de que los españoles saquearan el oro, los mexicas lo utilizan como ofrenda a sus dioses

©Mirsa Islas

Entre las piezas, 22 para ser exactos, se encuentran pendientes, una argolla nasal y un pectoral en forma de disco, todos fabricados con delgadas láminas del oro más puro.

“Estas son, sin lugar a dudas, las piezas más grandes y refinadas descubiertas ahora”, dijo el arqueólogo encargado de la excavación, Leonardo López Luján. Desde hace 40 años se realizan excavaciones en CDMX, y desde entonces se encontraron 205 ofrendas mexicas, de las cuales 16 son de oro.

El lobo fue ofrenda a Huitzilopochtli durante el reinado de Ahuizotl (1486-1502), el tlatoani más temido y poderoso de los mexicas, cuyo imperio se extendió hasta lo que hoy es Guatemala.

El corazón de la CDMX resguarda gran parte del tesoro mexica; antes de que los españoles saquearan el oro, los mexicas lo utilizan como ofrenda a sus dioses

©Mirsa Islas

López Lujan, mencionó que es necesario realizar pruebas en las costillas del lobo para confirmar la teoría de que su corazón le fue arrancado como parte del sacrificio, como hacían con otros guerreros ofrecidos a los dioses.

El descubrimiento de estas piezas fue gracias a la demolición de dos edificios que cubrieron la ofrenda por más de dos décadas, las cuales se encontraban en una bóveda de tres metros cúbicos rellena de elementos referentes a la tierra, mar y aire, símbolos espirituales de los mexicas.

Por: Nadia Juárez.