Soy Lorena Del Castillo y en el texto pasado te dije que iba a desnudarme ante ti. Pero no creas que haré una cosa tan ordinaria como quitarme la ropa, sino que me atreveré a algo más complicado: desnudarte mi alma. Y para eso te digo a grandes rasgos quién soy.

Es simple, soy una mujer que todavía no entiende mucho de la vida, que como la mayoría, deseo que termine este año porque fue lo suficientemente turbulento como para asustar a cualquiera; a veces tengo noción de qué está pasando conmigo, pero en varias ocasiones no tengo ni idea. Un día quiero una familia, al día siguiente me cuesta creer que ese molde aún existe; un día soy una mujer adulta y al día siguiente me siento una adolescente inexperta.

No sé si soy millennial, heterosexual, religiosa o qué demonios, en qué terna colocarme porque en la actualidad existen muchas etiquetas y me encuentro confundida. Una niña a la que le rompieron el corazón, una anciana que tuvo que tragarse toda su sabiduría porque en eventos recientes la vida la forzaron a soltar todo aquello en lo que creía.

A grandes rasgos, soy tan parecida a ti que toda mi humanidad
se hace presente en cada párrafo que te dedico.

Y bueno, con cada ser humano viene una historia, y la mía es compleja, en eso tampoco soy tan diferente. Como no quisiera llevarme cuarenta cuartillas hablándote de mi niñez, me remontaré a lo que sucedió más recientemente.

Hace cuatro meses mi vida era abismalmente distinta. Tenía pareja, vivíamos juntos en una casa bastante “mona”, con dos gatos, terraza, sala de televisión y todo lo necesario para ser felices. Pero meses atrás se gestaba un final que (según mi percepción) no merecíamos y que por lo menos yo no imaginaba en lo absoluto. La vida te da bofetadas y esta es la más sorpresiva que he recibido.

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Desnudándose con Lorena del Castillo

Él y yo fuimos una pareja muy bella, nunca hubo faltas de respeto, problemas de celos, discusiones tediosas, arranques de violencia. Todo lo contrario, por lo menos de mi lado siempre hubo tanta miel que me sorprendía no empalagarme. Puedo presumir que fuimos hermosos y que (tonta por fijarme en eso) la gente que nos rodeaba nos contemplaba como una pareja sólida, bella y amorosa.

Si me preguntas, yo juraba que ese era mi destino, que ahí me quedaría.

Viajábamos juntos y teníamos un proyecto de vida basado en esos viajes. Y cuando te une un proyecto difícilmente te separan nimiedades. Eso creía yo. Realmente pensaba que esos eran los cimientos. Pero me equivoqué garrafalmente.

Hoy, soy una mujer soltera, que vive sola con su gatito persa, que se reconstruye día a día de todo aquello que les contaré en el próximo artículo y que espero que lean porque les hablaré de cómo enlazo mis hilos poco a poco y sin ninguna prisa. Quizá haya algunos descosidos por ahí a quien le sirvan mis técnicas de tejido.

 

 

Por: Lorena Del Castillo.