«Hijo, así nunca llegarás lejos ni harás casa de azulejos»; en el interior se hallan murales de José Clemente Orozco. Conoce la historia del Sanborns de los Azulejos.

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Entre Cinco de mayo y Madero, cerca de la Torre Latinoamericana, se encuentra uno de los edificios más singulares del Centro Histórico y de toda la Ciudad de México, la Casa de los Azulejos, también conocida como el Palacio Azul. Su nombre se debe a la particularidad de su fachada revestida de azulejos de talavera poblana.

Una de las versiones de su origen cuenta que los azulejos fueron puestos en una remodelación hecha a la casa en 1737 por Diego Durán Berruecos. Sin embargo, existe también una leyenda que cuenta que un descendiente de los Condes del Valle de Orizaba, a quien perteneció la propiedad por décadas, quien solía despilfarrar el dinero mandó crear el palacio tras reformar su vida después de que su padre le dijera: “Hijo, así nunca llegarás lejos ni harás casa de azulejos”.

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El inmueble data del siglo XVI. Ha sido sede del Jockey Club de México y de la Casa del Obrero Mundial. Desde principios del siglo XX y hasta la actualidad, el edificio funciona como un Sanborns. Por lo tanto, está abierto al público y es posible entrar a conocer la estructura y mirar algunos murales de José Clemente Orozco que se hallan en el interior.

Es de mencionarse que durante la entrada de los ejércitos revolucionarios de Emiliano Zapata y Francisco Villa a la Ciudad de México, la tropa y sus comandantes tomaron el almuerzo en Sanborns.

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¿Conoces alguna leyenda misteriosa que incluya al Palacio Azul? La estamos esperando.

 

Por: Patricia Arredondo