Escucho el estruendo de gritos y voces “dale dale dale no pierdas el tino…” al parecer hay una fiesta “porque si lo pierdes, pierdes el camino…” por mi mente pasan las imágenes de la infancia, evocación de mis fiestas de cumpleaños, las posadas, noche buena, año nuevo, el 16 de septiembre, “ya le diste una, ya le diste dos, ya le diste tres y tu tiempo de acabó.” En todas y cada una de las celebraciones que recuerdo siempre había un elemento infaltable… la piñata.

La historia dice que originalmente las piñatas se componen de siete picos que simbolizan los siete pecados capitales, los ojos vendados representan la fe ciega, romper la piñata significa el triunfo del bien sobre el mal y los dulces aluden a la recompensa.

 

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Lo cierto es que la tradición ha adoptado nuevas formas, lo simbólico se cambió por el desmadre y las ganas de hacer fiesta. Actualmente podemos encontrar piñatas de todo tipo, las hay desde personajes de caricaturas y películas hasta de políticos o personajes célebres, con algo hay que desquitarse.

Marco Polo jamás imaginó que aquella práctica que llevo de China a Italia se convertiría en una tradición tan representativa de México. De Italia pasó a España y de Europa a la Nueva España. Los frailes utilizaron las piñatas como un medio de evangelización, es decir que un principio su sentido era religioso.

Algunos componentes siguen siendo iguales, como el hecho de que se rompan en las posadas como en un principio fue. Sin embargo actualmente se utilizan para cualquier festividad y han perdido el sentido religioso para dar paso como diría Carlos Monsiváis a la “cultura del desmadre”.

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Por: Alejandro Camacho.