El Trastorno de Identidad Disociativo o de Personalidad Múltiple es una de las afecciones mentales más controvertidas ya que, si bien gran parte de la comunidad científica reconoce su existencia, hay grandes discrepancias a la hora de hablar del número de personas que la padecen.

Mientras que un grupo de especialistas afirma que aproximadamente el 1% (en términos médicos es una cifra considerablemente alta) de la población mundial padece esta enfermedad, la mayoría afirma que está sobrediagnosticada y que los verdaderos casos son bastante raros.

La principal razón del escepticismo de la comunidad científica mundial, respecto a la de los Estados Unidos, radica en que el aumento en los casos se dio a raíz del estreno de la película Sybil, en la que el personaje principal tenía más de 16 personalidades distintas. Si antes de este filme se tenían en registro 75 casos, tras su estreno la cifra aumentó a alrededor de 40 mil.

El trastorno define que la persona tiene al menos dos estados de personalidad diferentes. Estos tienen sus propios patrones a la hora de interactuar y percibirse a sí mismos y al entorno que les rodea. Generalmente, aunque el trastorno involucre a más identidades, son dos las que toman el control de las acciones del individuo de forma recurrente.

Otra de sus características es que los acontecimientos que se viven bajo la actividad de una de las personalidades, no se recuerdan cuando la que se hace visible es la otra. Dicha situación provoca periodos de pérdida de memoria en las personas que la padecen.

El tratamiento del trastorno consiste en un largo periodo de terapias, en las que se busca hacer consciente a la persona de que padece la enfermedad y después se busca integrar a todas las personalidades en una sola o, por lo menos, hacer que todas convivan armoniosamente para que afecten lo menos posible la vida del paciente.

Por: Gerardo Guillén.